viernes, 26 de julio de 2013

No al trabajo infantil doméstico en el Perú
Una de las diversas formas de trabajo infantil es el trabajo doméstico. Esta forma de explotación infantil afecta principalmente al sexo femenino.

Más de 110 mil niños realizan trabajo doméstico en el Perú y las autoridades no hacen nada para evitarlo, pues fiscalizan lo que pasa en las empresas, pero no dentro de las casas.
Ocho de cada diez de esos menores explotados son niñas y adolescentes que vienen mayormente de la Sierra. Un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) revela que 40.9% de las menores trabajadoras domésticas en Lima provienen de Huancavelica, 36% de zonas rurales o periurbanas de Lima y 15% de Cajamarca. Mayormente las traen tíos, madrinas u otros parientes.
"Como el 65 por ciento de los menores que hacen servicio doméstico son migrantes, trabajan en la modalidad de cama adentro y su jornada laboral se extiende hasta 18 horas al día, a cambio de propinas, comida, alojamiento y una educación de baja calidad", advirtió Carmen Montes, de la Fundación Terre des Hommes de Holanda, que promueve la campaña "En mi Kasa no hay trabajo infantil doméstico".
Pese a que muchas veces el trabajo infantil doméstico linda con el delito, porque está relacionado con la trata de personas, destacó que no hay nadie sancionado por este hecho.
"Tenemos una legislación aceptable sobre este tema; el Código del Niño y del Adolescente establece los 14 años como la edad mínima para trabajar; hemos ratificado convenios internacionales de la OIT y el Estado promueve la Estrategia contra el Trabajo Infantil, pero el problema persiste por la pobreza y por factores educativos", explicó.
INACCIÓN. Sergio Quiñones, del Ministerio de Trabajo, advirtió que la ley prohíbe el trabajo de un niño en hogares de terceros. Aunque admitió que no es lo mismo ingresar a un centro de trabajo que a una casa, dijo que la fiscalización no es imposible. "Un inspector, con una orden judicial, podría entrar al domicilio donde trabaja un menor", dijo. Sin embargo, nadie lo hace.
Es importante que el Estado proponga acciones eficaces para combatir el trabajo infantil. 
Una de las acciones más eficaces es invertir en políticas públicas, especialmente en políticas educativas. Es preciso convertir las escuelas en lugares atractivos y de esta forma conquistar y favorecer que los niños y niñas permanezcan en ellas el mayor tiempo posible. Además, es necesario formar y sensibilizar al profesorado en las consecuencias biopsicosociales del trabajo infantil y prepararles a través de programas formativos en la lucha contra el trabajo infantil.